Las corporaciones
multinacionales continúan promoviendo la agricultura industrial como la panacea
para todos los problemas de esa industria.
Una revisión de los impactos
reales de la agricultura industrial revela que esta no es una alternativa a la
agricultura moderna tradicional sino simplemente la forma que adopta la guerra
silenciosa que las corporaciones multinacionales están librando contra la
sociedad civil.
El glifosato y la
biotecnología son las nuevas armas que aquellas usan para aumentar la
degradación medioambiental, disminuir la seguridad alimentaria y ahondar el
hambre mundial.
La agricultura industrial no
es una solución sino el mayor problema que enfrenta actualmente la humanidad.
Hay siete mitos sobre la
agricultura industrial que las corporaciones multinacionales están repitiendo
desde hace ya bastante tiempo para que los oficiales gubernamentales, los
periodistas y también los agricultores lleguen a considerarlos como verdades.
El primer mito es que
la agricultura industrial solucionara el problema de la escasez de alimentos
que amenaza al mundo.
La verdad es que el hambre
del mundo no es el resultado de la falta de comida sino el de la pobreza y la
falta de tierras que impiden el acceso de las personas a la comida.
La agricultura industrial
realmente aumenta el hambre incrementando el costo de cultivar, expulsando a
cientos de miles de agricultores fuera de la tierra y aumentando la superficie
de cultivos de alta-ganancia destinados principalmente a la exportación y no al
consumo de la población local.
El segundo mito es
que los alimentos industriales son mas seguros, saludables y nutritivos.
La verdad es que la
agricultura industrial contamina nuestras frutas y verduras, nuestros vinos y
panes con pesticidas e introduce
hormonas genéticamente diseñadas en nuestra leche. No es sorprendente que el
cáncer, las enfermedades causadas por las comidas y la obesidad sean
actualmente un problema sin precedentes.
El tercer mito es que
la comida industrial es mas barata.
La verdad es que si usted
calculara el costo real de estos alimentos –incluyendo los daños a su salud,
los costos medioambientales y sociales – y los reflejara en sus precios, incluso las personas más adineradas no podrían permitirse el lujo
de comprarlos.
El cuarto mito es que
la agricultura industrial es mas eficiente.
La verdad es que las pequeñas
fincas producen mas por unidad de superficie que las grandes. Es más, las
grandes explotaciones, menos diversificadas, requieren más insumos mecánicos y
químicos. Éstos están devastando el ambiente y hacen a estas grandes
explotaciones lejos menos eficientes que las fincas menores, más sustentables.
El quinto mito es que
la comida industrial ofrece mayores posibilidades de elección
La verdad es que lo que actualmente obtienen los consumidores en el supermercado es una ilusión de la posibilidad de elección. Las etiquetas no nos dicen cuantos pesticidas contienen nuestros alimentos o cuales productos han sido genéticamente modificados. Mas importante aun es que este mito enmascara la tragedia que causa la agricultura industrial al provocar la perdida de miles de variedades de especies.
El sexto mito es que
la biotecnología resolverá los problemas de la agricultura moderna.
La verdad es que las nuevas
cosechas diseñadas por la ingeniería genética no resolverán los problemas de la
agricultura, sino compondrá y consolidará el control de la oferta de comida del
mundo en las manos de unas pocas grandes corporaciones. La biotecnología esta
destruyendo la biodiversidad y la seguridad alimentaría y expulsando a los
granjeros autosuficientes fuera de la tierra.
El séptimo mito es
que la agricultura industrial beneficia el ambiente y la fauna.
La verdad es que la
agricultura industrial es la más grande amenaza a la biodiversidad hasta ahora
conocida. La técnica de cultivo basada en el uso masivo de agroquímicos provoca
la degradación y la perdida de fertilidad del suelo y la muerte de las especies
vegetales y comunidades animales que tenían allí su hábitat natural.
¿No deberíamos pensar en
detenerla?