La administración de los
servicios públicos tienen mala prensa. Es que, como normalmente son prestados
en forma exclusiva por el gobierno, se les achaca los males que acarrea el
monopolio.
Cuando el requerimiento total
del mercado de un bien o servicio determinado puede ser satisfecho por un solo
competidor y a un costo menor que el de cualquiera otro, la libre competencia
resulta imposible. En ausencia de competencia, el productor único se ve
liberado de la regla que le impone perseguir la igualdad del costo marginal con
el beneficio marginal para maximizar su utilidad total. Esa situación le da la
posibilidad de adoptar las conductas características del monopolio.
La falta de competencia en un
mercado atenta contra la buena conservación y mejora de las técnicas y métodos
de producción, porque desaparece el estimulo a la innovación y esto es otra de
las razones que justifica la apreciación de que el monopolio es malo porque
provoca la ineficiencia del sistema.
Ahora bien ¿a quién se le ocurrió que el monopolio era un sistema de asignación de bienes y servicios?.
Una cosa es decir que un
determinado bien o servicio es
distribuido por el mecanismo del mercado
o por el gobierno y otra muy distinta que en el sistema de economía de
mercado las manzanas son distribuidas en condiciones de libre competencia y el
servicio de agua corriente en condiciones monopólicas. El monopolio es un tipo
de competencia, es la falta de libre competencia.
Existe una gran diferencia entre
la distribución del servicio público de aguas por el gobierno y la misma tarea
hecha por una empresa privada. Definitivamente ninguna empresa privada debería
ser autorizada por el gobierno para efectuar esa actividad. Sin embargo, muchos gobiernos de
Latinoamérica (El Salvador, México, Argentina, etc.), desoyendo las enseñanzas
de la buena economía insisten en privatizar el suministro de agua a la
población, fundado en el absurdo pretexto de la “mejora de la eficiencia”.
La realidad es otra: la
privatización del suministro de agua –un servicio público- no es otra cosa que
la evidencia de la corrupción que
impregna esos gobiernos.