Durante mas de tres meses el Gobierno nos estuvo diciendo, insistentemente, que las retenciones apuntaban a beneficiar a la gente –a los consumidores- y ese argumento también estuvo presente en las distintas exposiciones de los diputados y senadores que votaron a favor de su proyecto destinado a convertir en ley la conflictiva Resolución 125 del Ministerio de Economía.
No existe dificultad alguna en entender que la racionalidad que subyace
en las decisiones del Gobierno obedecen a su particular valoración sobre la
situación socio económica y política de la Nación y que ese es su privilegio.
En lo que evidentemente existe cierta reticencia a darse cuenta, es que
las políticas que el Gobierno decide implementar –o sea la expresión de su
voluntad- tienen normalmente su justificación inmediata en la necesidad de
satisfacer el pedido o el reclamo de algún grupo de interés, no en la
realización de un ideal político o filosófico o en un imperativo moral. Sin
embargo, las alegaciones en favor de las políticas del gobierno basadas en
estos términos son frecuentemente rechazadas. ¿Será porque se ha desarrollado
en nosotros algún sentido que nos hace pensar que esas expresiones normalmente
esconden otras razones de controvertible aceptación.?
Convengamos que la suba del nivel general de los precios al consumidor
que ha estado y continua castigando a nuestra economía no es un dato que haya pasado desapercibido para el Gobierno y
que alguna de sus oficinas ha estado y continua intentando evitar –sin éxito
por cierto- que ello suceda.
Es que si el Gobierno quiere evitar el aumento sostenido y constante de
los precios de los mercados internos –que él mismo provoca- tiene a su
alcance ciertos medios para hacerlo. ¿O
es que la capacidad de persuasión de Moreno no existe ya?
Lo que definitiva y normalmente el Gobierno no puede hacer, salvo claro
esta que ejerza el monopolio de algún bien o servicio -que no es el caso-, es
evitar la suba de los precios de los commodities en los mercados
internacionales y sus efectos en el país.
Sin embargo, esta, que es una idea ampliamente aceptada en los círculos
académicos, a la luz de lo que podríamos denominar el “conflicto del campo por
las retenciones” se revela como una visión ingenua del rol que juega el
Gobierno en la economía, es decir como un resultado posible pero no
necesariamente el único que ha de ocurrir como consecuencia de su intervención.
La credulidad de la teoría radica en suponer –implícita o
explícitamente- que el Gobierno siempre persigue el objetivo de mejorar el
bienestar general cuando del caso bajo análisis resulta evidente que ello no
necesariamente es así.
En un trabajo anterior publicado en este blog he señalado que las
retenciones no perjudican a los exportadores, pues si bien, efectivamente, son
impuestos que no pueden ser trasladados “hacia delante”, lo son “hacia atrás”
provocando que los productores se vean compelidos a absorber el costo y por
tanto a recibir un menor precio por sus cosechas.
Comentario al pasar: resulta muy desagradable escuchar los inútiles
esfuerzos dialécticos de los políticos tratando de confundir la actividad de
los exportadores con la de los productores, sobre todo cuando la falta de
convicción con la que exponen sus ideas no pasa desapercibida.
Las medidas del gobierno nunca son neutras. Toda vez que interviene, un grupo gana y otro pierde. En el caso del “conflicto del campo por las retenciones” siempre estuvo claro cual era el grupo que perdía, pero no resultaba evidente cual era el que ganaba. “De Angeli” perdía pero ¿ganaba “el pueblo consumidor”?.
Convengamos que las señales de la realidad eran bastante
contradictorias.
Si es exacto que la gente “vota con el bolsillo”, había mucha gente -que
nada tiene que ver con el campo- que estaba en contra de lo que el Gobierno le
quería hacer a “De Angeli”.
La lógica del mercado nos impide pensar que “el pueblo consumidor” va a
actuar en contra de su propio interés. ¡¡¿Existía entonces alguna suerte
de “acuerdo destituyente” entre “De
Angeli” y “el pueblo consumidor”?!!.
Volvamos a mirar el escenario: los productores pierden, los consumidores
entienden que no ganan, los exportadores no pierden, ¿los exportadores ganan?.
¿Alguien escuchó que los exportadores se hayan opuesto al aumento de las
retenciones?
Al tratar sobre los monopolios, yo acostumbro a referir a mi audiencia
que, paradójicamente, aquellos son, con
frecuencia, los principales impulsores de políticas que aparentemente
los perjudican pero que en realidad los benefician porque provocan la escasez
que es el origen de los mayores precios.
Mario Caffiero y Javier Llorens han señalado tempranamente que las
retenciones móviles habrían sido dictadas en directo beneficio de los
exportadores de granos.
Han fundamentado su posición en el hecho que a fines del año próximo
pasado (2007), cuando el precio de la soja llegaba a lo que se entendía como su
máximo nivel histórico, los exportadores –en conocimiento de un inminente
aumento de las retenciones por parte del Gobierno- presentaron declaraciones
juradas de venta al exterior por volúmenes desproporcionados con el objeto de
congelar las sumas a pagar por ese concepto.
La suba de las retenciones se concretó -con la resolución 369 del 2007-,
pero seguidamente, en forma inesperada, la soja siguió subiendo
ininterrumpidamente, hasta llegar en marzo del 2008 al doble del valor que
tenía en el 2007.
Esto perjudicó gravemente a los exportadores porque al momento de
efectivizar las ventas declaradas en forma anticipada, se encontraron con un
escenario que no habían previsto: el tener que comprar la mercadería en el
mercado interno a precios muy superiores a los precios de exportación que ya
tenían fijados.
A ver si se entiende: los exportadores, sabiendo que las retenciones
iban a subir a fines del 2007, declararon en forma anticipada que iban a vender
tantas toneladas a tantos dólares por unidad. Así –dentro de la ley- fijaron su
posición tanto frente al Gobierno como frente a los importadores extranjeros.
Lo que no fijaron -o lo hicieron insuficientemente- fue posición frente a los
productores nacionales.
Cuando dos personas acuerdan una operación a futuro lo hacen a sabiendas
que existe un riesgo para los dos y que, cuando el día del vencimiento
finalmente llegue, alguno tendrá que pagarle al otro por la diferencia de
precio.
Al 10 de marzo del 2008 el panorama era claro: los exportadores no
aceptaban la lógica del mercado, ni se hacían cargo de que ellos se habían
colocado voluntariamente en esa situación.
Habrían apelado entonces al remanido recurso de reclamarle al Gobierno que tomara medidas para que los precios internos de los granos se retrotrajeran a noviembre del año anterior. Y el Gobierno, haciendo gala de su consabida generosidad, les habría dado la mano salvadora, dictando la recién derogada resolución 125 de las retenciones móviles que apuntaba justamente a provocar ese efecto.
Así se advierte, entre otras cosas, que el silencio guardado por el
sector exportador de granos durante los mas de 120 días que duró el conflicto
no habría obedecido mas que a la lógica del propio interés.
Y también sirve para recomendar, en especial a los compañeros que cargan
en sus mochilas el bastón de mariscal, que son todos bien intencionados y que
buscan la felicidad del pueblo y el crecimiento y desarrollo de la Nación, que
sean mas cuidadosos a la hora de valorar las consecuencias de las políticas del
Gobierno, de cualquier Gobierno. ¿O ahora resulta que nadie estuvo de acuerdo
con las políticas del Gobierno de Menem?.
A modo de conclusión:
La experiencia indica
a)
que el Gobierno no siempre diseña políticas
tendientes a favorecer el bienestar general.
b)
que la democracia es el sistema político mas
apropiado para posibilitar la denuncia de las desviaciones del poder en
beneficio exclusivo de los grupos de interés.
c)
que el sistema representativo republicano de
gobierno –cuando funciona con eficacia tal como ha sucedido en este caso-
asegura la vigencia de la libertad y la justicia.
d)
que cuando el Gobierno diseña políticas a la
medida de las necesidades de los grupos de interés, los mayores perjudicados
son los sectores mas vulnerables de la sociedad, y.
e)
que es al cohete que el Gobierno intente
disimular con cháchara sus verdaderas motivaciones pues siempre existirán en
nuestra sociedad personas con firmes convicciones acerca del verdadero
contenido y alcance de los valores independencia económica, soberanía política
y justicia social.