Julio Cobos apostaba a
no pasar desapercibido como todos los vicepresidentes cuando le ofrecieron
acompañar a Cristina de Kirchner en la fórmula oficialista. Su perfil
“ejecutivo”, muy alejado del “rosqueo” legislativo, lo llevaba a hablar de un
trabajo de apoyo a la Presidenta.
Pero seguramente nunca
imaginó que iba a transformarse en el protagonista del mayor desafío que debió
enfrentar el kirchnerismo tras cinco años en el poder.
Él, en soledad, decidió salir un día, hace un
mes, a pedir que la polémica resolución de las retenciones móviles se debatiera
en el Congreso. Pedía consenso, diálogo, para superar las diferencias.
Tres días después, la Presidenta lo avaló y mandó al Congreso un proyecto
pidiendo a los legisladores que avalaran o rechazaran las retenciones móviles.
De ahí en más, Cobos cobró protagonismo como nunca había pasado en los seis
meses de gestión anteriores y al mismo tiempo se comenzó a ganar, a partir de
cada una de sus decisiones, el rechazo y el repudio del núcleo duro del Gobierno.
Primero convocó a los gobernadores de
provincias sojeras y, ante el desplante de los oficialistas, se reunió con tres
opositores. Luego, subió la apuesta y recibió en su despacho al cardenal Jorge
Bergoglio, el jefe de la Iglesia argentina, al que no quiere para nada el
matrimonio presidencial.
Él, en soledad, esta madrugada definió el
futuro de esa ley, que creó dos bandos irreconciliables y marcó la vida del
país durante los últimos cuatro meses. Y con esa responsabilidad en su poder,
decidió ir contra el mandato del gobierno del que siempre se dijo parte, aunque
durante casi un mes tuvo el diálogo cortado con Néstor y Cristina Kirchner.
Así, respetó su costumbre, su estilo, ese que
lo mostró como gobernador de Mendoza tomando decisiones aun en contra de lo que
decía su ex partido, la UCR, y su mentor político, Roberto Iglesias.
Esta madrugada, fueron los Kirchner quienes
conocieron la verdadera personalidad de ese tipo afable y calmo al que, por
esas mismas características, creyeron un buen aliado fácil de manejar y útil a
su causa.
Julio Cobos es ante todo un hombre pragmático
que juega solo, que tiene una particular conexión con el humor popular y que
para decidir apela al sentido común de los ciudadanos antes que a la lógica de
la política, aunque le cueste un cargo o una alianza política por la que
incluso lo echaron del partido al que estuvo afiliado durante 16 años.
Marcelo Zentil