|El imperio de los privilegios

 

Brasil no es capitalista.

 

¿Que es el realidad el capitalismo?. La libre competencia en un mercado abierto entre empresas privadas bajo control de un Estado de derecho.

 

Ahora bien, en Brasil la competencia es restringida, las grandes empresas son publicas y el Estado es imprevisible.

 

Seria igualmente inexacto afirmar que la economía brasileña es socialista aunque muchos economistas liberales la califiquen así.

 

Brasil pertenece a una categoría sui generis. Algunos dicen capitalismo de Estado, otros economía corporativa

 

El economista Paulo Rabello de Castro, director del Instituto Atlántico de Río creo el termino “economía mordomista”, cuya traducción aproximada seria “economía de privilegios”.

 

Esta clase de economía podría describirse como una sucesión de círculos concéntricos.

 

En el centro un sector poderoso del Estado controla las áreas claves de la energía (Petrobras, Electrobras, Nucleobras), las comunicaciones (Telebras), las minas (Rio del Val Dulce).

 

Esas empresas publicas controlan al aparato estatal mas de lo que el Estado controla a los empresarios.

 

Alrededor de ese núcleo fuerte un primer circulo incorpora al numero restringido de patrones privados que prosperan gracias a los pedidos, concesiones y privilegios que acuerda le sector público. Son los oligopolios que se dicen capitalistas.

 

El circulo siguiente un poco mas amplio esta compuesto por empresas privadas que  viven esencialmente de los subcontratos que le concede el circulo superior

 

Después viene el circulo de pequeñas empresas que realmente trabajan en el mercado que compiten entre si pero mas todavía con un sector informal gigantesco que no paga impuestos y no respeta las leyes sociales.

 

El ultimo circulo que abarca la mayor parte de la población engloba a los que solo trabajan de manera intermitente y viven en la miseria.

 

Ese edificio piramidal explica la paradoja de la sociedad brasileña: la contigüidad del poder y la miseria.

 

El centro concentra las riquezas, invierte en actividades que utilizan mucho capital y poca mano de obra y confiere a Brasil su rango de gran potencia industrial. El centro entonces no tiene ninguna necesidad de formar ni emplear a la mano de obra periférica.

 

Esa mano de obra vegeta en la miseria no por la acción del capitalismo sino por la economía de privilegios que prevalece

 

El director del periódico Jornal da Tarde Rui Mesquita define a Brasil como Bélgica sitiada por sahel. Bélgica anda bastante bien y sahel sigue siendo sahel.

 

¿Como se llego a esta situación?.  Los orígenes coloniales, la raza, las culturas, el clima, el egoísmo de las clases dirigentes, la dictadura militar de los años 60, la democracia extraña de la década del 1990, todos esos factores combinados constituyen una explicación valida y todos convergen para separar con dureza al Brasil de los poderosos del Brasil de los oprimidos. Cada uno sentirá la tentación de elegir de entre esos elementos los que puedan servirle para su causa personal.

 

Paulo Guedes, economista de tendencia liberal, explica que fueron los militares enamorados de la modernidad y el poder de los grandes grupos industriales los que crearon durante la dictadura de entre 1964 y 1984 los grandes grupos industriales del Estado y concentraron las riquezas para poner en marcha proyectos faraónicos: centrales nucleares, ruta transamazónica, grandes represas, armamentos del primer mundo.

 

La mayoría de esos proyectos terminaron en el fracaso ahogados por la deuda internacional o invadidos por la jungla como la ruta transamazónica.

 

La corrupción latente se infló a la medida de los pedidos que podían acordar o no los militares a los empresarios capitalistas.

 

Pero ya hace casi diez años que se fueron los militares y la economía de privilegios apenas si cambio, al contrario la corrupción se intensificó.

Eso indica que no se podría atribuir solamente a la dictadura lo que esta probado que se arraiga en una historia de mas larga data.

 

Otro economista de Rio, Daniel Dantas, considera que la actual economía de privilegios no es mas que la perpetuación del modelo de los orígenes, el “sistema portugués”.

 

En el régimen instaurado por la corte de Lisboa solo el soberano acordaba monopolios, privilegios y concesiones que permitían hacer fortuna a los elegidos.

 

Lo que el soberano daba podía pedirlo de vuelta en todo momento lo que producía una inestabilidad de derecho permanente favoritismo corrupción y servilismo.

 

La fragilidad de la concesión real incitaba al favorito del momento a enriquecerse cuanto antes por temor a perder su ventaja.

 

La burocracia publica contemporánea sustituyó a la corte (el Emperador fue destituido solo en 1889 es decir no hace tanto) y muchos empresarios capitalistas reproducen hoy los hábitos de sus predecesores aunque sean hijos de inmigrantes italianos o libaneses mas que descendientes de la aristocracia portuguesa.

 

Otra explicación de los “dos Brasiles” es la esclavitud que apenas se abolió hace un siglo.

 

El recuerdo de la esclavitud desvaloriza el trabajo y valoriza la renta. Todos los grandes empresarios son blancos o casi blancos. Lo mismo que la burocracia dirigente. Ya se: nadie es blanco en Brasil, o mejor dicho nadie es totalmente blanco, como se suele decir, todos tienen “un pie en la cocina”, lugar en el que el muchacho de la familia hacia de las suyas con las sirvientas negras o mulatas, para habar claro. Pero habría que ser ciego para no constatar que en el arco iris de las razas, el rango social, la educación y los privilegios están en relación directa con el grado de blancura con la excepción de la música, la canción y los deportes que, como en todos lados del mundo occidental, están reservados para los mas oscuros.

 

La distribución de las riquezas, ¿no obedecerá a una lógica geográfica mas que racial?. El Norte ardiente e ingrato es al mismo tiempo el país de los mestizos y los negros, como antes lo fue de la esclavitud, de los coroneles del setao y de las grandes explotaciones que hoy están en la ruina. En el Sur el clima templado y los suelos mas ricos atrajeron a los blancos, que son también los mas industriosos, a San Pablo, Río Grande do Sul, Santa Catarina.

 

No seria posible entonces distinguir la raza de la clase, ni la cultura de la pobreza del sistema de dominación que generó esa pobreza.

 

A la herencia portuguesa. A la esclavitud reciente y a al teoría de los climas, conviene agregar una explicación muy weberiana que atañe a la reproducción cultural.

 

Los inmigrantes alemanes que viven en el sur del Brasil mantuvieron un notorio espíritu emprendedor, lo mismo ocurre con el millón de inmigrantes de origen japonés que se instalaron en San Pablo, que tuvieron un éxito excepcional, los libaneses y los judíos de Oriente controlan a menudo el comercio hasta en los mas recónditos rincones del Amazonas, los italianos dominan el sector de la construcción. Estos pueblos de inmigrantes recientes se identifican mucho con Brasil, crisol tan eficaz como el de los Estados Unidos, conservando lo esencial de su ética económica importada de Europa.

 

¿Cómo es posible que en las mismas condiciones sociales, objetivamente generadoras de una revolución, nadie planee la revolución?. La respuesta tiene que ver sin duda con la “cordialidad” brasileña.

 

Ese termino no solo designa una forma de ser de tutearse, de llamarse por el nombre de pila, de besarse. Es mucho mas que eso. Como lo analizó en forma brillante el sociólogo de Recife Gilberto Freyre en su obra fundadora “Amos y esclavos”, la “cordialidad” permite la contigüidad física con la desigualdad social.

 

Seria la “cordialidad” como estrategia social, consciente o no, lo que desactivaría la violencia con mas eficacia que la placidez tropical. El clima no impidió las revoluciones de Cuba y Nicaragua.

 

Así la “cordialidad” propiciara la injusticia. Los gobiernos de Brasil lejos de combatirla la agravan.

 

Guy Sorman, “El capitalismo y sus enemigos”, Emecé editores, Buenos Aires, 1994 (Nota: leálo no tiene desperdicio)