Los impuestos a la exportación

 

 

Un impuesto a la exportación es un impuesto que se cobra sobre los bienes que se exportan.

 

Como con los aranceles, los impuestos a la exportación pueden imponerse sobre una base específica o ad valorem. En los EE.UU., los impuestos a la exportación son inconstitucionales porque la constitución norteamericana contiene una cláusula que los prohíbe, que fuera obtenida por los productores de algodón del sur que exportaban su producto a Inglaterra y Francia. Sin embargo, muchos países aplican impuestos a la exportación. Por ejemplo Indonesia aplica  impuestos a las exportaciones de aceite de palma; Madagascar a las de vainilla, café, pimienta y clavo de olor;  Rusia a las de petróleo;  Brasil impuso un impuesto del 40% a la exportación de azúcar en 1996 y  la UE uno de us$32 por tonelada a la exportación de trigo en diciembre de 1995.

 

Varios países importadores de productos agrícolas que integran la Organización Mundial del Comercio (OMC), como por ejemplo el Japón, señalan que su abastecimiento de alimentos podría verse perturbado si los países exportadores imponen restricciones o aplican impuestos a sus exportaciones. Proponen que se establezcan disciplinas en materia de restricciones a la exportación, a fin de sustituirlas, por ejemplo, por impuestos que luego se irían reduciendo (un proceso análogo a la “arancelización” de las restricciones a la importación). Suiza propone que las restricciones a la exportación se supriman totalmente, aunque con cierta flexibilidad en el caso de los países en desarrollo. El Grupo de Cairns de exportadores netos ha presentado una propuesta parecida, aunque vinculada a la reducción de la “progresividad arancelaria” o sea a la aplicación de derechos más elevados a los productos transformados.

 

El Grupo de Cairns esta integrado por Argentina, Australia, Bolivia, el Brasil, el Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Filipinas, Guatemala, Indonesia, Malasia, Nueva Zelandia,  Paraguay, Sudáfrica, Tailandia y Uruguay. Estos paises señalan que la progresividad arancelaria existente en terceros mercados limita la capacidad de los países exportadores para desarrollar industrias de transformación.  En particular, impide a los países en desarrollo aumentar el valor de sus exportaciones. Así entonces las restricciones o impuestos a sus exportaciones de materias primas son una  respuesta a la progresividad arancelaria existente en terceros mercados y por tanto, la eliminación de tal progresividad arancelaria, contribuiría a la formulación de disciplinas más eficaces en materia de restricciones e impuestos a la exportación y a un aumento sustancial de la liberalización agropecuaria.