PERÓN SOBRE EL FMI
“En casi
todos los países adheridos al famoso Fondo Monetario internacional se sufren
las consecuencias y se comienzan a escuchar las lamentaciones.
Cuando en
1946 me hice cargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del
presidente del Fondo Monetario Internacional que venía a invitarnos a que nos
adhiriéramos al mismo. Prudentemente le respondí que necesitaba pensarlo y,
enseguida, destaqué a dos jóvenes técnicos de confianza del equipo del gobierno
para investigar a este monstruo tan “peligroso”, nacido según tengo memoria, en
los sospechosos acuerdos de Breton Woods.
El
resultado de este informe fue claro y preciso: en síntesis, se trataba de un
nuevo engendro putativo del imperialismo. Yo, que tengo la ventaja de no ser
economista, puedo explicarlo de manera que se entienda.
La
política de las “áreas monetarias”, después del abandono del patrón oro, ha
sido fructífera en acontecimientos donde siempre el negocio ha estado de por
medio.
Mediante
diversas maneras de deformar la realidad, se ha conformado ya una larga
historia a través del “área esterlina” como el “área dólar” y, aunque el
pretexto fuera dar respaldo indirecto a las monedas de los países pobres de
reservas de oro, en realidad de verdad, verdad todo ha sido una nueva forma de
especular con la buena fe de los demás.
Hasta
después de la Primera Guerra Mundial existió el “área esterlina”, que cobijó a
numerosas monedas merced al oro de Inglaterra, que la guerra fue llevando
paulatinamente hacia Fort Knox, hasta el extremo de que Gran Bretaña se vio en
un grave problema para sostener su área monetaria.
Lo
intentó hacer fundando el Banco Central de Inglaterra y declarando a renglón
seguido que, si antes el área esterlina estaba garantizada por el oro de Inglaterra,
ahora lo estaba por el imperio inglés.
Pero
resulta que Estados Unidos en el ínterin había acumulado casi el 80% del oro
del mundo y dicta su famosa Ley Fiduciaria que establecía que quien presente un
dólar en el Banco de la Reserva Federal recibiría su equivalente en oro.
Esta
promesa, aunque jamás se cumplió, tuvo la suficiente atracción natural como
para forzar hacia el nacimiento del “área dólar”.
Es así
como, desde ese momento, el dólar pasa a ser la moneda de cambio en el mundo
occidental, en tanto la esterlina deja de serlo.
Desde
entonces, así como antes todas las semanas, desde la Torre de Londres, los
ingleses anunciaban el valor oficial del oro, frente al pueblo y de viva voz,
Wall Street se encargó de reemplazarlos en silencio y desde sus oficinas de la
quinta Avenida, fijando el valor de la Onza Troy por el dólar americano
sobrevalorado, con un precio político que, no obedeciendo a la ley de oferta y
la demanda en el mercado áureo-internacional, les permitiera cobrar un Royalty
en todas las operaciones en que interviniera esta moneda de cambio.
Poco
después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la pérdida de gran parte de la
reserva oro de los Estados Unidos amenazaban gravemente la existencia del “área
dólar”, gravedad que sigue aumentando con los gastos de posguerra, con lo que
USA se colocaba en situación parecida a la de Inglaterra después de la guerra
anterior si alguna Nación conseguía la formación de esa reserva.
En
consecuencia era preciso crear el instrumento necesario para consolidar el
”área dólar”.
El Fondo
Monetario internacional fue la solución.
En él
participarían la mayoría de los países occidentales, comprometidos mediante una
larga contribución al fondo, desde donde se manejarían todas sus monedas, se
fijaría no solo la política monetaria, sino también los factores que directa o
indirectamente estuvieran ligados a la economía de los asociados.
La
realidad después se encargó de ir mucho más allá, como podemos ver ahora,
cuando llega la hora de los lamentos.
He aquí
alguna de las razones, aparte de muchas otras, por las cuales el Gobierno
Justicialista de la República Argentina no se adhirió al fondo Monetario
Internacional.
Para
nosotros, el valor de nuestra moneda lo fijábamos en el país, como también, nosotros
establecíamos los cambios de acuerdo con nuestras necesidades y conveniencias.
Para el
intercambio internacional recurrimos al truque y así nuestra moneda real fueron
nuestras mercaderías.
Ante el
falseo permanente de la realidad monetaria internacional y las maniobras de
todo tipo a que se prestaba el insidioso sistema creado, no había más recurso
que hacerlo así o dejarse robar impunemente.
Ha pasado
el tiempo, y en casi todos los países adheridos al famoso Fondo monetario
Internacional se sufren las consecuencias y se comienzan a escuchar las
lamentaciones.
Este
fondo, creado según decían para estabilizar y consolidar las monedas del ”Mundo
libre”, no ha hecho sino envilecerlas en la mayor medida.
Mientras
tanto, los Estados Unidos se encargaban, a través de sus empresas y capitales,
de apropiarse de las fuentes de riqueza en todos los países donde los tontos o
los cipayos le daban lugar, merced a su dólar ficticiamente valorizado con
referencia a las envilecidas monedas de los demás.
Juan Domingo
Perón (1967)
Fuente:
CUADERNO DE DOCTRINA PERONISTA. http://agrupacionvap.blogspot.com/