¿Qué es la
Pobreza?
Conforme al
diccionario la “pobreza” es la
“cualidad de pobre”, la del necesitado,
la del que no tiene lo necesario para vivir, pero también es la “falta o
escasez”, la situación en la que se encuentra una persona cuando advierte que
lo que actualmente tiene le resulta insuficiente.
Aunque la mayoría de las personas conoce intuitivamente cual es la diferencia entre riqueza y pobreza los gobiernos se esmeran en medir esta ultima en términos de ingreso. Ya es hora de terminar con esta patraña.
No se es rico porque se gane mas sino porque se tiene mas; no se es pobre porque se gane poco sino porque no se tiene lo suficiente. ¿Y qué es lo que no se tiene en forma bastante?: bienes propios.
Ud. puede tener un alto ingreso mensual o anual, un gran prestigio profesional, un elevado reconocimiento social, pero... si Ud. no tiene su propio auto, su propia casa, su propio Rolex (legitimo), Ud. será un “pobre”. No importa lo que el gobierno diga.
Este y sus profesores intentaran convencerlo con detalladas formulas matemáticas, comparaciones estadísticas interpersonales e internacionales, declaraciones de personalidades, campañas publicitarias en la vía publica y en los medios masivos de comunicación, etc. etc., que la “pobreza” es un concepto relativo; que en definitiva “todos somos iguales en la mirada de Dios” y que lo que importa es que a Ud. le alcance para vivir y si dignamente, mejor.
Es el mismo razonamiento que subyace en la decimonónica ley de bronce de los salarios de Lasalle: "El salario medio se halla siempre reducido a la subsistencia necesaria, indispensable, según las costumbres de una nación determinada, para el sostenimiento de la existencia y para la reproducción".
La imaginación humana (como las necesidades) no conoce de límites y los argumentos de los políticos son una renovada prueba de este principio de la economía.
Pero, como para el hombre practico, “la única verdad es la realidad”, todas esta quimeras solo sirven para explicar las causas del divorcio que existe entre las ideas de los que producen y las de los que administran.
Expresaba Juan Bautista Alberdi, el Profesor de Economía de la Constitución de la Argentina en su “Sistema Rentístico”: “¿Quien hace la riqueza?. ¿Es la riqueza obra del gobierno? ¿Se decreta la riqueza?. El gobierno tiene el poder de estorbar o ayudar a su producción, pero no es obra suya la creación de la riqueza”.
El gobierno intenta porfiadamente convencernos que la medida de la pobreza por el ingreso es razonable porque de esa manera entiende que contribuye a la paz social evitando que la sociedad civil cuestione la actual distribución de la riqueza y como aquel estorba o ayuda a su producción y división.
Dicho de otra manera, el designio del gobierno no es otro que el mantenimiento de lo que Milton Friedman califica como la “tiranía del statu quo”.
Una digresión relevante: ¿cuál es el mejor sistema político que la humanidad ha logrado hasta el momento? Sin hesitación alguna: la democracia. Pero ¿hay un solo tipo de democracia?. Los argentinos, los mexicanos, los brasileños, los norteamericanos, los españoles, los franceses, etc. viven en democracia. Todos tienen un sistema de gobierno republicano y representatitivo. Pero los californianos, por ejemplo, practican también un sistema de democracia directa. Y atención con este dato: de acuerdo al “The World Factbook” publicado por la CIA, si California fuese un estado independiente, en el 2007 habría sido la décima mas grande economía del mundo.
Es un hecho que los intereses de los representantes electos (los políticos) la mayoría de las veces no coincide con los intereses de la personas que los eligieron y que ellos dicen representar cuando se refieren “al pueblo”.
Esta paradoja tiene varias explicaciones. En primer lugar las normas legales que otorgan un papel relevante a los partidos políticos en desmedro de la actividad individual de las personas que podrían postularse para ocupar cargos de gobierno. En segundo termino las crecidas sumas de dinero que resultan necesarias para participar en una contienda electoral. En tercer puesto y en relación con el anterior: la escasa vocación de los electores a colaborar financieramente con los políticos con los que simpatizan y la excesiva predisposición de los grupos de interés a ayudar a las figuras que mejor pueden defender sus posiciones.
En otras palabras: a las personas comunes no nos va peor con el sistema de democracia representativa porque existe una “mano invisible” que afortunadamente nos ayuda.
El sistema de economía de mercado no es una ideología. Por ello ha evolucionado y continuará haciéndolo acompañando las transformaciones que se han estado dando a lo largo del tiempo en los sistemas de producción y comercialización y en las pautas de consumo.
Por el
contrario la democracia si lo es, al punto que alguno lo considera “un «sistema de ideologías», es decir, de
ideas confusas, por no decir erróneas, que figuran como contenidos de una falsa
conciencia, vinculada a los intereses de determinados grupos o clases sociales,
en tanto se enfrentan mutuamente de un modo más o menos explícito o
encubierto”. (Gustavo
Bueno, La democracia como ideología, Ábaco, nº 12/13, 1997).
En tanto para la mayoría de los países la democracia es un mero procedimiento para designar gobernantes o para contener la violencia, en los EEUU es un evangelio, un culto.
“Cuando europeos y norteamericanos hablan de democracia no hablan exactamente de lo mismo. En Europa, la democracia son los principios jurídicos; en Estados Unidos, un principio espiritual y un proceso de elecciones permanentes. Las criticas europeas sostiene que la democracia norteamericana es populista; pero los norteamericanos lamentan que la democracia europea sea aristocrática. En Europa, los lideres se consideran así mismos con el deber de educar al pueblo; en Estados Unidos con el de seguirlo en sus decisiones” (Sorman, Guy, Made in USA, 2005).
No es casualidad que en los EEUU y en particular en California, en otoño de 2003, los ciudadanos hayan echado al gobernador elegido un año antes -Gary Davis- y sustituido por el actor Arnold Schwarzenegger.
En la mayoría de los estados norteamericanos los ciudadanos pueden dar por terminado el mandato de los políticos en cualquier momento por medio de una petición que sea mayoritaria o por un “impeachment” (juicio político) adoptado por asambleas locales.
El procedimiento de revocación es común pero la excepción californiana se debe a que lo facilita: basta una petición firmada por un ocho por ciento de los electores para que sea sometida a votación.
Estas revocaciones no precisan argumentos a favor: el pueblo no tiene porque explicarse. El procedimiento es diferente al “impeachment” que es decidido por los parlamentos y debe ofrecer explicaciones.
Desde esta perspectiva resulta evidente que la democracia directa es una forma mas evolucionada que la democracia indirecta y que los perjudicados por este ultimo sistema son los políticos que ocupan el gobierno: las iniciativas populares obstan a que ellos emitan cualquier tipo de cheque en blanco (¿tren bala?).
Otras digresión: resulta al menos sofisticado el alcance que algunos juristas “progresistas” atribuyen al Art. 40 de la Constitución Argentina incorporado en 1994 porque prevé que el Congreso o el Presidente de la Nación, dentro de sus respectivas competencias, puede convocar a consulta popular o someter a consulta popular un proyecto de ley.
Esto no es democracia directa pero, por las dudas, el Congreso Nacional de Argentina a catorce años de la reforma, aun no ha reglamentado las materias, procedimientos y oportunidad de la consulta popular conforme lo establece el mandato constitucional.
Así se advierte que el problema no es el sistema de economía de mercado: el problema es el sistema representativo. (¿Arjona?)
A fines de la década de los 90s el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD se ocupó del problema de la pobreza concentrándose en las personas antes que en sus ingresos. Fue la primera vez que el análisis de la pobreza se alineó con el paradigma del desarrollo humano.
Ud. tiene que saber que la idea que campea en las organizaciones multilaterales es que el aumento de la producción finalmente se “derramará” sobre la población mundial y así, movidos por nuestro propio interés, todos alcanzaremos el paraíso.
El Informe sobre Desarrollo Humano de 1990 define desarrollo humano como “un proceso que aumenta las elecciones de las personas” y afirma que “los ingresos son un medio y no una meta” del desarrollo humano.
Aunque a primera vista no lo parezca, tal enunciación revela el triunfo intelectual de Milton Friedman. Para él la “felicidad” no es otra cosa que “la facultad de aumentar sin cesar las elecciones personales”.
Sunsein,
Profesor de Derecho de la Universidad de Chicago, procuró demostrar que la
multiplicidad “friedmaniana” de las elecciones no conduce a la felicidad, que
“mas” no es equivalente a “mejor”. (Sorman, Made in USA, 2005).
Desde que Pareto y los utilitaristas ya se han ocupado de discutir sobre las distintas forma de medir la utilidad las personas y sus conclusiones son aplicables al caso por analogía, esta critica y otras semejantes solo revelan el pertinaz designio evitar el tratamiento del problema, introduciendo elementos de confusión. Mientras tanto los gobiernos continúan midiendo la pobreza por el ingreso.
Para finalizar para entender que es la pobreza no solo interesa saber diferenciar entre medios y metas sino también que debe existir una adecuada correspondencia entre esos medios y esas metas.
Dicho en términos llanos: si el gobierno quiere sinceramente eliminar la pobreza, debe ayudar a que los ingresos que reciben las personas les permitan alcanzar la categoría de ricos; para ello no se basta con que les sirvan para superar la línea de pobreza de los dos dólares.
¿Por qué? Porque las fallas del sistema de economía de mercado no permiten su empleo como mecanismo de distribución de la riqueza.